Un día en el barco, en Tarifa
Salimos del puerto de Tarifa y ponemos rumbo a mar abierto. A partir de ahí manda el viento, que por aquí casi nunca falta.
Navegamos a vela y, si te apetece, te dejamos el timón. Lo decimos en serio: es más fácil de lo que parece y casi todo el mundo acaba llevándolo un rato. Notar cómo el barco tira del viento tiene algo que engancha.
Cuando toca, buscamos sitio para fondear. Casi siempre terminamos frente a
Playa Chica, al lado de la Isla, en aguas tranquilas y poco profundas. Ahí paramos. Quien quiere se tira al agua, otros cogen las gafas y el tubo para mirar el fondo (llevamos equipo de esnórquel y neopreno a bordo) y algunos se quedan tumbados en cubierta sin hacer nada. Las dos cosas valen.
Mientras, montamos la comida. Y no es un picoteo de compromiso: aceitunas, queso de oveja curado, paleta de jamón ibérico, tortilla de patatas que hacemos en el propio barco, cazuela de barro con chistorra y fruta de temporada de postre. De beber hay de todo, y si alguien quiere algo concreto que nos avise y lo llevamos. Si venís a celebrar algo, sacamos una botella de cava.
Son tres horas. Al final volvemos a puerto con hambre saciada, sal en la piel y la cabeza en otro sitio.
En pareja, con los niños o con amigos: el plan funciona igual.
Te esperamos a bordo.Qué traer: bañador, crema, toalla y algo de abrigo para la vuelta. Y si eres de los que se marean, una biodramina una hora antes y a disfrutar.